Camperizar una furgoneta de forma completa significa convertirla en un vehículo vivienda: aislamiento térmico y acústico, revestimiento, suelo, mobiliario, cama, cocina, instalación eléctrica de 12 V (y a menudo 230 V), agua, ventanas y claraboyas y, si se quiere, gas y calefacción.
Un taller de camperización completa suele encargarse también de que la reforma sea homologable: utiliza materiales y anclajes adecuados, documenta la instalación y coordina el proyecto técnico, el informe de conformidad y el paso por la ITV. Pregunta siempre qué incluye el precio (homologación, equipos, garantía) y pide ver trabajos anteriores.
Los plazos dependen de la carga de trabajo del taller y de la complejidad: lo habitual es contar con varias semanas o algunos meses desde que entra la furgoneta.